Así pasaban los días, sin nada que hacer, sin ningún mínimo detalle que convirtiera aquella horrible rutina en el día más maravilloso del mundo, en algo para recordar.
Sabíamos que así era y no nos importó, seguíamos fingiendo un amor roto por la desconfianza y el exceso de placer. Seguíamos viviendo una mentira.
Ahora tu silencio es mi derrota y tus duras palabras una caída al vacío de la tristeza.
Háblame, dímelo otra vez, vayámonos a aquel dulce mundo en el que nos encontrábamos perdidos; allí éramos felices.
"Lo siento, soy la persona equivocada en el momento equivocado para recorrer tu corazón desierto".

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